Mostrando entradas con la etiqueta syrah. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta syrah. Mostrar todas las entradas

lunes, 14 de febrero de 2011

Amado Sur: un tinto argentino para disfrutar en el Día de San Valentín

miércoles, 5 de mayo de 2010

Tabalí descubre el suelo perfecto en Fray Jorge

"Cuando uno le pregunta a enólogos o a viñateros por qué decidieron dedicarse al vino, generalmente responden con vaguedades como el amor al campo y a ciertos valores ligados a la naturaleza. Pero Felipe Müller, el enólogo de Tabalí, me sorprende cuando dice: “porque me gustaba tomar vino. Así de simple”.

Müller, que viste una polera de Iggy Pop (el cantante que dio forma al punk antes del punk), tiene una manera franca y directa de comportarse que, de alguna misteriosa manera, se traslada a los vinos que hace en el Limarí. Nada de disfraces, nada de eufemismos, nada de corrección política. Los vinos se hacen para beberlos, para disfrutarlos, no para ganar medallas ni para satisfacer ansias de figuración o prestigio.

Desde que conozco a Mülller, cuando trabajaba en De Martino junto a Marcelo Retamal, me ha parecido que lo mueve una especie de frenesí por encontrar el terroir perfecto, una tierra soñada en Chile donde los vinos puedan llegar a alturas insospechadas, tal como parece suceder en Chablis o Sancerre, en Francia. Y parece que por fin lo ha conseguido. “Este es el sueño del pibe”, cuenta mientras casi vuela en su camioneta, pasando Coquimbo hacia el sur, Tongoy, Totoralillo, Quebrada Seca, para finalmente llegar hasta los terrenos colindantes con el famoso parque nacional Fray Jorge, donde en las cimas de las quebradas se encuentran paños de selva húmeda parecidos a los que hay en Valdivia. Pero acá estamos a las puertas del desierto.

Müller, entonces, recuerda que alguna vez escuchó que Agustín Huneeus (el famoso empresario vinícola chileno, que ha dejado una marca en Napa y Casablanca), tenía un proyecto en Limarí. Pero nadie sabía dónde. Hasta que recibió una llamada de unos productores que le querían vender uva. “Estamos al oeste de la carretera, al lado de Fray Jorge”, le dijeron, y ahí Felipe empezó a entusiasmarse, porque la cercanía del mar auguraba frescor.

Fue con Héctor Rojas, que trabaja codo a codo con él en Tabalí, a visitar los viñedos y casi se caen de espaldas cuando comienzan a darse cuenta que era el tipo de suelos que siempre habían buscado: suelos casi blancos por su composición calcárea, la misma que puede observarse en la Borgoña. Trataron de ocultar su emoción, para cerrar el trato, y ya en el auto de vuelta dieron rienda suelta a su alegría. “¡No puede ser! ¡Es perfecto!”.

Cuento corto: luego de varias conversaciones, tratando de convencer a la gente de Tabalí de la necesidad de comprar esa tierras (400 hectáreas, 75 de ellas plantadas con vid), y superando variados obstáculos y temores (y una primera cosecha realizada por los anteriores dueños que se echó prácticamente a perder debido a una plaga), por fin la viña hizo la adquisición. Y hoy están presentando sus resultados, que hasta ahora son excepcionales.

¿Por qué el carbonato de calcio es tan importante?, le pregunto a Müller y responde: “al ser poroso, es un control natural de la humedad. El suelo permite un excelente desarrollo radicular, la raíz avanza a través de las fracturas de la cal y va extrayendo los minerales que le dan ese carácter precisamente mineral a los vinos, terroso. No hay notas dulces, ni espárragos. Son vinos más finos y elegantes”.

Probamos la nueva línea de vinos que Tabalí está haciendo en Fray Jorge y la verdad es que se trata de un acontecimiento. Ya habíamos comentado la excelencia del sauvignon blanc 2009 proveniente de ese viñedo, pero el nivel de los vinos alcanza un nivel superlativo en chardonnay y pinot noir.

Del Chardonnay Fray Jorge 2009 –aún sin un nombre definitivo- podríamos decir que no se parece a nada que haya dado la variedad en Chile antes. Muy fresco, con una boca exquisita, de rica textura y una elegancia inusual para un ejemplar chileno de la cepa. Sumamente salino, se escapa de todo. Un paradigma nuevo.

El Pinot Noir Fray Jorge 2009 destaca, antes que nada, por la ausencia de esos aromas a pasa tan propio de otros exponentes locales. Hay mucha concentración pero la fruta es delicada, y el vino tiene un componente terroso, con muchas capas que hablan de una complejidad aromática poco común. En ambos vinos, el trabajo de la madera es fino y casi ni se nota. Los dos, sin duda, tienen un potencial extraordinario.

Le pregunto a Héctor Rojas cuál cree es el secreto. “Piensa en el paradigma de las parras viejas”, me dice. “¿Por qué son buenas? Porque su desarrollo radicular se ha expandido mucho por el suelo. El corazón de la vid está en la raíz. Las grandes fallas en los viñedos de Chile están en las raíces. Es el lado B que nadie observa. Gracias al suelo que hay en Fray Jorge, la raíz puede explorar y extenderse a sus anchas. Ahí tiene toda la reserva que le permite vivir y extraer la riqueza de la tierra”."

(Marcelo Soto, revista Capital)

Tabalí en la Videoguía del vino

domingo, 13 de septiembre de 2009

Introducción a la velada de syrah

Pequeño video que sirvió de abreboca para la velada de syrah de 12/09/09.

Tres syrah chilenos: velada de degustación entre amigos

Hace más o menos unas tres semanas, dado el auge que ha tenido el vino como tema de conversación en twitter, lo que nos ha llevado con algunos amigos a compartir etiquetas como #wine, #vinos y #epicuro, comenzamos a pensar la velada que pudimos disfrutar el día de ayer, 12 de septiembre.

La idea era hacer algo muy simple, una desgutación temática entre amigos donde vino, conversación y maridaje con algunos bocadillos sirvieran para poder compartir ya no sólo virtualmente sino persona a persona la pasión por este tema.

De modo que convocamos a @osiocabrices -que no pudo asistir-, @Naldoxx, @valenruizl y @fernandofranz para hacer posible el encuentro. ¿La reglas? Muy simples: cada uno ponía un syrah y un pasapalo, @martis y yo poníamos la casa y ¡listo!

Entre copas que tiemblan

Como Venezuela cada vez se vuelve más impredecible, la velada casi es saboteada -de hecho, en parte lo fue- primero por una lluvia que hizo pensar a alguno de los invitados en posibles complicaciones de desplazamiento, pero luego, por un sismo de 6,4 en la escala de Ritchter que, por su impacto, dejó conmocionado a @osiocabrices quien terminó declinando la invitación.

En lo particular recordé el pensamiento de Napoleón sobre el champagne: "Después de la Victoria usted se merece un champán, después de la derrota usted necesita." Después del sismo, yo necesitaba el vino, así que le escribí a Arnaldo quien respondió favorablemente: "Llegaremos un poco más tarde, pero iremos."

Asumí completar el vino que faltaría con Rafael Osio, saqué también el que originalmente iba a poner yo y le escribí a Fernando Franz, mi cuñado: sólo en caso de que la ciudad se caiga no vengas.

El plan había muerto y resucitado en uno 30-45 minutos.

Morandé Pionero Syrah 2007: una elección calidad/precio

La velada comenzó e inmediatamente comenzamos a servir el primer vino de la noche, el Morandé Pionero Syrah 2007. ¿Precio? 30 Bs. Realmente económico para los estándares actuales, sin embargo, con el vino siempre es más de qué recibimos por el dinero que el precio en sí mismo, a veces lo barato sale caro y lo caro absurdamente oneroso.

Para Valentina Ruiz era evidente "su color acerezado" y en nariz todos coincidimos en sus agradables aromas afrutados y en su honestidad: es un vino sin madera, conservado en tanques de acero, con lo que se asegura ese carácter sencillo.

Para acompañarlos teníamos dos variedades de queso gouda, uno amarillo y otro blanco de búfala. A Marta le gustó mucho con el blanco, mientras que a los demás nos pareció perfecto con el amarillo, incluso Fernando Franz comentó que cierto amargor que la sentía en el final, parecía mitigado por el carácter graso del queso.

Primer round interesante, de estudio. Ya Arnaldo comenzaba a disipar las dudas sobre la elección de la cepa y la velada continuaba.

Viña San Pedro Castillo de Molina Shiraz 2006

¿Hya algún problema esencial en decir que una canción de, digamos, Justin Timberlake es buena? Yo creo que ninguno: que sea un artista particulamente comercial no desmerita su talento y su capacidad para hacer producciones interesante.

Igual pasa con el vino. Como hablábamos ayer por twitter con María Luisa Ríos de Milsabores, hay muchos snobs del vino que les gusta que todo sea una marca rebuscada, un descriptor que apenas se encuentra en una página escondida de D.R.A.E.

Por eso, sin ningún problema le sugería a Arnaldo que se trajera el Castillo de Molina Shiraz 2007 (60 Bs.) una marca de la que el mercado venezolano está postivamente inundada en supermercados y tiendas especializadas.

Al leer en la hoja técnica del vino la referencia al tocino primero dudamos, pero al llevarlo a nariz rápidamente lo asociamos con ese poder ahumado que le da un año completo en barricas de roble francés. De igual manera, ese color tímidamente acerezado del Morandé, ahora era un velo elegante de rojo cardenal.

Ya en boca -y mientras comenzaba a decantar el vino final- todos coincidimos con la elegancia y redondez del vino y un particular toque especiado que Valentina relacionó inmediata y vehementemente con la nuez moscada. Sin duda habíamos subido un nivel y, en la armonía, fue muy buen acompañante con los cubos de lomito en salsa de tres pimientas de Fernando.

La velada en este punto estaba ya cumplida pero, desde el decantador, el próximo vino esperaba.

Montes Alpha Syrah 2006: broche de cacao

Varias copas después comenzó el aspecto más experimental de la jornada. Cuando realizábamos los arreglos para no repetir ni vinos ni pasapalos yo le dije a Arnaldo: "será que puedes traerte unos brownies". Valentina le preguntaba: ¿pero de verdad eran solo brownies? ¿No será que entendiste mal? ¿Serían brownies y queso?

Pues no, era sólo brownies y en lugar de un vino de postre teníamos al peso pesado de la jornada, el Alpha de Montes (150 Bs.), para tratar de aprovechar esas notas especiadas y su estructura al contacto con el chocolate.

El Alpha tiene, de acuerdo con Arnaldo, un color ciruela pasa, purpúreo, y en nariz se resaltan nuevamente esos aromas de frutos secos y especias. Ya en boca se siente pleno, denso y, sobre todo, de un final largo, donde predominan nuevamente las especias y, leve y armónicamente, la madera de su paso de un año en barricas.

¿La sorpresa? Con el brownie de chocolate fue muy, pero muy bien. Yo soy un apasionado del chocolate con vinos rojos pero, cuando calculo mal, termino con un sabor metálico en la boca que me arruinan el bocado y la bebida.

Nada más lejos que lo que sucedió con el Alpha. Fue realmente un cierre con broche de cacao para una velada magnífica que nos permitió explorar tres excelentes vinos de una variedad de la que Arnaldo entró renegando y salió convencido.

Syrahs pendientes

¿Qué nos quedó por probar? Evidentemente los asutralianos, de hecho, ya Arnaldo tenía unas botellas a punto de comprar en Casta life & food de The Little Penguin, pero le picaron adelante, así como a Rafael con los Penfolds.

Sugería también que debíamos tener en una lista los syrah de La Rioja argentina, el Raza Argentina de Cooperativa La Riojana que me gusta mucho. Por supuesto que también faltarían los del Ródano, pero ya vendrá el momento.

Por ahora esperamos el próximo encuentro: ¿malbec? ¿tempranillo? Nos tocará decidirlo.